miércoles, febrero 07, 2007

El otro día iba yo caminando por la única zona verde de mi ciudad, cuando me encontré a un tipo, un viejo amigo de la escuela. Estaba tumbado y lo rodeaba un montón de gente. Iban todos vestidos iguales, y rodeaban al tipo. Otro tipo, vestido de forma diferente, les presidía, mientras les leía a todos un librucho bastante cutre. Mi amigo, en concreto, estaba tumbado, pero aparentemente yo diría que sobre un lugar incómodo, tallado en madera de pino.

Joder, me dije, me alegro por él, siempre le gustó ser el centro de atención. Me acerqué a mi viejo coleguita y le eché un cubo de pintura encima, por los viejos tiempos, que había comprado en la zona de Capuccinos, en una tienda cuyo nombre no recuerdo. Y menos mal que soy buen corredor, porque la turba que tenía a su alrededor por poco me mata. Lo más curioso es que mi amigo ni se movió, siguió imperturbable, con su cara pálida y ojerosa, chorreando pintura de color verde kiwi. Luego, por la noche, volví al lugar a ver si seguía allí mi amiguete, y parlotear un poco con él. El disfraz de fantasma, bien realista, de muerto viviente estreñido, era el favorito del chaval, y me lo puse por si se acordaba de mí. Cuando llegué habían cerrado las puertas metálicas que guardaban la entrada, y reparé por fin en un letrero que no supe leer, ya que después del accidente, leer es una de las cosas que no he podido volver a aprender. Tampoco, y os lo digo como confidencia, es que yo recuerde al colega éste, pero en el álbum de fotos que me dieron para que recordara, figuraba él, y mis padres me contaron que éramos buenos amigos, que nos gustaba hacer el ganso, disfrazarnos y tirarnos cubos de pintura (abiertos o cerrados) a la cabeza. Como no siento demasiado aprecio por la ley ni la propiedad privada, entré agarrándome a unos barrotes y me puse a buscar, sin rumbo. A este tipo no lo encontré, pero en su lugar apareció otro que después de apuntarme con una linterna y mirarme, pegó un chillido inhumano y cayó rendido al suelo. Después de eso me largué.

Ahora mismo estoy leyendo, y he descubierto en un reportaje de un periódico que mis papis tenían escondido que el viejo tipo, mi amigo, murió en un accidente de coche. El piloto se salió de la carretera, en principio de broma, decían, y después del accidente, él sobrevivió, pero mi coleguita no. El chaval que sobrevivió perdió la memoria, y los padres no quisieron revelarle lo ocurrido pues preferían que fuera acordándose poco a poco. En la parte de atrás del vehículo, iba una chica embarazada, novia del piloto, que también murió. Una historia jodida, ¿eh? Si yo pillara al mamón que conducía...

Ahora entra mi papi al cuarto, con expresión afligida, y mirando consternado lo que tengo entre las manos ¿qué coño le pasará? Y me suelta con voz pastosa, mientras mi madre aparece por detrás: Hijo, tu madre y yo tenemos algo que decirte...

Y yo me sigo preguntando qué coño querrán.
Por algún motivo desconocido, aparece un nombre que no es el mío en la creación de entradas. Es una persona que aprecio, pero no soy yo, y he tenido que cambiar unas cuantas cosas, pero aquí sigo, para mal o para peor, siendo Ted, la ardilla tocapelotas.



Pueden marcharse. Gracias cabelleras.

miércoles, enero 31, 2007




Entonces tenías diecisiete años. Diecisiete putos años. Y aún pensábamos que habría tiempo. Que podríamos conseguirlo. Que había tiempo de sobra. Que eras demasiado joven como para que todo estuviera perdido. Demasiado joven para que todo fuera definitivo. Aún entonces creímos que podríamos curarte. Pero nos equivocamos.








Maldito amargado de mierda -le suelto al capullo- levántate de ahí joder. Vamos a salir un rato.


Que te den, paso de salir -me suelta el muy cabrón, con esa voz áspera que le sale cuando quiere expresar que no piensa cambiar de idea y que puede llegar a ponerse agresivo si no dejas de insistirle. Obviamente, a mí eso me la trae floja e insisto:


Te pasas la vida en la puta calle y hoy que es época de Feria te quedas aquí encerrado. ¿Qué cojones haces, tío? ¿Estás hibernando o algo?


¿Y a ti qué coño te importa? -me salta el muy desagradecido. Encima que me preocupo por él.



El muy gilipollas se hace llamar Gizmo. Puede que sea porque fijo que no se ducha nunca, el guarro hijoputa éste. Bueno, ha estado duchándose esta mañana, pero quizá era la primera vez en meses. Que le den al hijoputa.


Bueno, pues como quieras, tío, yo me largo -le digo. Y cierro de un portazo dejando al pequeño capullín aburrido detrás. Ya vendrá a llorarme luego, ya, como si no lo viera. Y ahora, a por las tías. ¿Dónde se habrán metido hoy los coños hoy?






Por fin se ha largado, ese asqueroso cabrón de mierda. Ni siquiera sé por qué hostias acepté venirme a vivir aquí. A este apestoso cuchitril de mierda. Y no digo que no me guste el sitio, no está mal, es como cualquier decadente y sórdida vivienda céntrica para estudiantes sin pela, pero viene con capullo incluido. Lo bueno es que me sale bastante barato. Sin contar lo de tener que aguantar al insoportable desgraciado de Marquitos.


Bueno, ahora que lo pienso, si que sé por qué me vine a vivir aquí. Me vine a vivir aquí porque no tengo ni un napo de mierda. Mi querido colega, queridísimo colega, Ernesto me dijo que podía compartir piso con un conocido suyo, si le pasaba un mínimo de pasta al mes para ayudarle con el alquiler. A él se lo pagan entre su madre y el paro. Y yo, en fin, tengo muchísimas razones para odiar a la Familia y la Patria, pero podría añadir que ni siquiera me sirven para chuparles una puta pensión mínima. Así que yo le paso lo poco que consigo con algún chanchullo, y el maravilloso cabrón machista y descerebrado me deja vivir aquí. Qué asco me da, joder.


No siempre ha sido así. Me gusta recordar viejos tiempos, aunque a mí todavía no me haya dado mucho tiempo a ser viejo. Dicen que esto de la nostalgia prematura es una especie de neurosis contemporánea. Puede ser, vivimos en una época de mierda, donde no hay dios que se salve de sus putas esquizofrenias, pero al caso; lo mismo da que da lo mismo. Y a veces me pongo a pensar en el tiempo que estuvimos ocupando la peña y yo casas destrozadas y localitos abandonados.


Estuvimos viviendo un tiempo en una casa abandonada, bastante currailla. Mis colegas y yo no teníamos dinero, pero ni falta que nos hacía. Luego nos echaron, y a tomar por culo. Y aquí estoy, sin ganas de salir a la calle, y sin ganas de quedarme aquí. El cabroncete de Marcos (o Marquitos, como le llamo yo para tocarle los cojones) no sabe, ni creo que pueda entender, con ese cerebrito en desuso que tiene, que precisamente no salgo a la puta calle porque estamos en época de ferias y mierdas. Ni lo entendería, ni yo se lo voy a explicar. Creo que no me corto en demostrar lo poco que me gusta la gente, y el asco que le tengo a las fiestas populares; tendría que ser menos amargado y disfrutar con las personas de estas fiestas, que pertenecen al pueblo, a la clase obrera, a todo el mundo, a Espinete. Pero no. Desde la más religiosa fiesta tocahuevos al carnaval más escandaloso, todas me dan asco. Pasando por las bellas fiestas navideñas donde se conmemora el nacimiento del niño ése gilipollas, el que nace todos los años seguidos, y cada vez pide más regalos y los imbéciles de los padres ya no saben qué hacer para llegar a fin de mes.


Nosotros pensamos que esa mirada de haberlo visto todo, de hastío hacia todo era pasajera. Que alguien de tu edad no podía ser así. No es que no nos gustara, pensábamos que era imposible. Tratábamos de proponerte cosas que te gustaran, y conseguíamos que lo pasaras bien, en muchas ocasiones. Pero en cuanto había más gente, en el momento en que se involucraban más personas, te largabas. Veías muchas cabezas y te despedías. Decías que odiabas a "las masas", el "rollo popular", decías.

A la mayoría de nosotros, no nos importó que fueras anarquista y todo eso. Se trataba de lo jodidamente cerrado que eras. Odiabas la playa excepto las noches en que se quedaba vacía. Odiabas las piscinas, privadas y municipales. Aunque más de una vez te colaste en alguna por aquello de saltarte las normas y reírte un rato. Eso estaba bien. Pero siempre tenías que volver a ser un cabronazo amargado, y largarte en cuanto parecía que iba a llegar la fecha de algún "acto social", como decías tú. Ni siquiera soportabas las manifestaciones, a las que pronto dejaste de acudir. Lo único a lo que asistías donde hubiera más de diez personas eran los conciertos de la música espantosa esa que solía gustarte. Creo que incluso tú la denominabas "ruido".

Éramos casi iguales, tío, como hermanos. -digo yo.- Ambos compartíamos ese odio hacia las masificaciones y ese amor por la anarquía, la locura y el ruido. Teníamos un grupo. Yo cantaba..., bueno, gritaba, chillaba y pegaba gruñidos, y él tocaba la batería. Otros colegas tocaban el bajo y la guitarra, respectivamente. Y el muy cabrón tuvo que irse. Se le echa bastante de menos; no sé donde estará, pero si me oye, que ojalá me oiga, ¡¡espero que vuelvas, hijoputa!! Él era mayor que yo, unos cinco años o así, pero oye, eso da igual, ¿no? El caso es que se sintió traicionado y se largó. Y, realmente, entiendo que se le fuera un poco la olla, pero de ahí a dejarlo todo atrás... bueno, podría haberse venido a vivir conmigo o algo. Sé que le hubiera dicho "Gizzy, tío, tú y yo siempre estamos dále que te pego con que las drogas son lo peor, pero si te pones ciego esta noche, no sólo no me enfado sino que te acompaño". Pero en fin...

Gizmo era bastante cerrao de mollera, y un cínico bestial. -dice Aira.- Tenía un montón de cosas buenas, y encima era más romántico de lo normal. Pero un día nos enfadamos..., precisamente por ser tan cerrado, y no nos vimos en un par de días. Porque yo no quise, no por él, que estaba deseando hablar conmigo, y me llamo para perdime perdón y todo eso. El caso es que yo me encontré a un amigo por la calle, con el que Gizmo no se llevaba muy bien, y acabamos en mi casa hablando y eso y... y bueno, es evidente lo que pasó.

Que te acostaste con él -le suelto.

Pues sí. -contesta Aira-. Y va y a Giz no se le ocurre otra puta cosa que venir a por sus cosas justo en ese mismo momento. Y nadie escuchamos ni la puerta ni la llave, y nos encuentra en el sofá enorme y verde del salón y..., el tío se queda mirándonos un buen rato, y ni nos damos cuenta. Así que coge sus cosas y cuando sale de la habitación con todo, le tira un sobre a la cara a Grass, haciéndole daño y todo, y se larga por la puerta sin decir ni una palabra. A todo ésto, en ese momento le vemos, pero ni Grass ni yo estamos seguros. Y desde entonces no he vuelto a verle. Yo pensaba contárselo, que me había acostado con Grass y eso, y hablar con él. Y quien sabe si hubiéramos arreglado el asunto, no sé... Pero es que ni me dio tiempo.

El sobre tenía mi nombre escrito, y dentro una carta, que creo que escribió allí mismo. En ella me dice que se alegra de que haya elegido bien, de que me lo haya pensado con detenimiento, de que me lo pase bien, y que espera que siempre tenga las cosas tan claras como ahora, con el amor de mi vida. Irónico hasta el final, ¿eh?

Pues vaya historia... -dice, algo ensimismado, el cuco sabiondo de Juan- la próxima vez os pido que me la contéis por fascículos.

Serás hijoputa, si no querías oírla, haberlo dicho -le escupo yo.

Era broma, coño. La historia está guay. Un día pienso escribirla, te lo aseguro -nos dice-. Y necesitaré ayuda, asi que ya sabéis. Por cierto, ¿ni puta idea de donde está el notas ese, no?

Ni puta idea. -decimos Aira y yo casi al unísono, y entonces Juan se va a su cuarto y enciende el ordenador y se pone a teclear como si fuera puesto de espiz hasta el culo. Y yo me seco una lagrimilla que se me ha escapao, así para que nadie me vea, y me pongo a hacerme una pizza y a escucharme el LP "Kunst und Unkusnt" de los Kärnvapen Attack que casi rayamos de tanto escucharlo hace unos añitos.

viernes, enero 26, 2007

Un tazón de cereales


Pienso en toda esa gente que dice que la comida que mejor sabe es la que se consigue con el sudor de su frente -dice Bonnie mientras mete unas cuantas bolsas de congelado en su bolso extragrande, junto al mp3 y las pilas recargables-, y eso es porque esa gente no hace lo que nosotros hacemos.

Ciertamente -contesta Clyde-, aunque no me opongo a que cada cual se coma lo que se curra en su huertecillo y tal. Ya sabes, ese tipo de cosas.

Claro -prosigue Bonnie-, sabes que yo tampoco. Pero esa mierda de que el trabajo dignifica, en fin, hoy en día y aquí, no te puedes montar un huerto fácilmente. Pero menos recomendable es ponerte a currar. Levantarte temprano para pagarle las putas y las drogas a un cabrón, y que te dé las sobras, bueno, yo no se lo recomiendo a nadie. Es mucho más divertido todo esto, ¿no crees?

Totalmente de acuerdo, Bonnie -termina Clyde-, y ahora, agárrame el culo y empieza a besarme. Tengo que meterme estos discos en los pantalones.

Tú si que tienes un buen paquete, Clyde -dice Bonnie, sonriente y feliz por un trabajo bien hecho.

jueves, enero 25, 2007

Mami.

Todo esto me recuerda, y no sé realmente por qué, a cuando yo fui asiático. Mi vida estaba llena de sonrisas, gritos y poquemones. Una auténtica experiencia. Mamá siempre decía que no le parecía nada bien que le cogiera el dinero de su bolso, el dinero que guardaba para la comida, que me lo gastara en jaco. Ay mamá, esta dulce mamá... ¿Qué coño iban a importarme ella y nuestra puta comida pudiendo tener yo una cucharilla y un mechero a mano? Ay mis venas, estas dulces venas enmierdadas... Ay mamá, quien bien te quiere te hará sufrir, eso dicen.

Un chute de felicidad, y luego, una bonita patada a la puta miseria del mundo. ¿Hay algo más sincero en esta puta vida que la jodida heroína?

Por eso tuve que dejarte, Asia mía.
"I love Hard fucking",

pronuncia Ángela en voz suave, leyendo la inscripción que hay hecha a bolígrafo azul en la mesa donde está sentada. Un tío en la mesa de al lado se la queda mirando con expresión atolondrada pero llena de lujuria. -Gilipollas-, piensa ella. No sabe exactamente qué cojones significa. Entiende el inglés, claro...

Empieza a recordar y diferentes escenas le vienen a la cabeza. Ni que decir tiene que se está poniendo cachonda, pero ni tú ni yo lo notaríamos mirándola. -Follar duro-, murmura. Y el tipo de al lado también se está poniendo cachondo. Pero al cabrón si que se le nota. No hace más que cerrar las piernas fuertemente, mientras gira el cuello para mirarla. Está nervioso y quiere decir algo, pero el muy capullo sabe que sea lo que sea, la cagará.

Ángela piensa en cuando su pareja la masturba o la besa. No se trata de "follar duro" ahora, simplemente de imaginar. En cuando follan. Diferentes posturas, diferente placer. Todo tipo de orgasmos. Arriba, abajo. Le encanta subirse sobre su chico, pero también tumbarse boca abajo y dejarle hacer, o hacerlo sentados el uno frente al otro. También le gusta de lado, y en fin, muchas posturas más. Digamos que Ángela está contenta y tal con su sexualidad. Ni siquiera vamos a escucharla decir "Podría ser peor". No, no es una cínica de mierda. Al menos eso piensa ella.

Después de sentir cierta humedad en cierta parte del cuerpo, la pregunta vuelve a hacerse presente y la tía aún no sabe lo que es follar duro. Etimológicamente hablando, claro. Y bueno, si lo piensas, tampoco es un crimen. No es tan raro, joder, por no saberlo no vas a etiquetarla de no-tener-ni-puta-idea. Le encanta sentir una polla querida en su interior, o una lengua, le gusta de todas las maneras, pero eso de Hard le suena a látigos, goma y cuero. Y eso si que no le mola.

Tenemos, entonces, a una chica cuyos pantalones pegados (los únicos que tiene en el armario), hacen las delicias de más de uno... Y a un tío con la polla como una barra de pan recién salida del puto horno al lado. Y el tío va y le dice que no quiere sonarle asqueroso, pero es que está que no puede, y prefiere preguntárselo y joderse con el rechazo, a no decir nada y luego pajearse amargamente pensando en qué hubiera ocurrido.

Así que -empieza el tío-, te lo preguntaré: ¿follamos o no?

¿De qué vas? -le espeta ella.- Das asco, colega.

Lo siento, tía, yo que sé. -termina él mientras recoge sus cosas, y antes de marcharse y de tener que pajearse amargamente de todas formas, le dice: Estas cosas nunca funcionan, pero había que intentarlo. Ya me voy y te dejo en paz, tranqui.

Y se larga. El muy capullo se larga, ahora que estaba empezando a gustarle.

Venga, Angelita de mi vida, no jodas, tienes el calentón y dos preservativos en la mochila, se dice a sí misma. Y esa tía con tanta pinta de no romper un plato se larga detrás del colega. Lo coge del culo y le asesta un morreo que más bien parece una amenaza. Y le suelta que más le vale que se la folle bien. El tío enseña las teclas del piano hasta que no le caben más piños en la cara, de tanto sonreír, y se van a casa de Ángela. Y follan. Desde que su chico se ha largado de viaje de estudios a Francia, está que trina. Le echa de menos por muchísimos motivos, y uno menos no va a ser el sexo, joder. Él lo entenderá, cuando ella se lo cuente. Sí, claro que lo entenderá... bueno, realmente se sentirá como el puto culo, ¿pero qué esperas que haga una chavala joven tres meses sóla, después de haberla hecho adicta a los jodidos orgasmos?

Si me quiere, que yo sé que me quiere -empieza a decirse en voz baja mientras se lava el coño, contenta de que el tío este, el salido, no la haya decepcionado para nada-, lo que le importará es que yo esté bien. Y punto. Además, cuatro orgasmos no logran superar a Fran, pero están de puta madre igualmente.

Angelita de mi vida...

miércoles, enero 24, 2007

Estamos llenando esto de mierda, colega, digo yo.
Deja de cagar y escucha, empieza mi hermanito. Mi querido hermanito: Mamá acaba de irse de casa. Nos ha dejado la cena lista, y una nota.

Menuda idiota neurótica está hecha., digo amargamente.

Ah, y también hay una chica desnuda masturbándose con un plátano. No la conozco, pero parece interesante, continúa mi hermanito, haciéndome prestar atención por primera vez en todo el puto día.

Pues ahora que lo dices, empiezo a tener hambre., contesto finalmente, justo antes de que emprendamos el camino del jardín a casa. Las luces están encendidas, y esta noche nos espera, creo, algo de diversión. Ya era hora, joder.

martes, enero 23, 2007

No tengo ninguna duda de que estoy falto de ideas, le comenté a mi abogado. Aunque, le dije, ahora que lo pienso, está usted despedido. Creo que voy a declararme culpable.
Páncer de Cranceas

Mi páncreas, tío, mi puto páncreas. "El quinto más frecuente como causante de muerte por cáncer y el segundo dentro de los tumores de aparato digestivo después del cáncer de colon", me han dicho esos matasanos. Quiero que sepas que te aprecio, colega. No importa que me robaras la chica. Que me pegaras una paliza para asegurarte de que te dejaba el terreno libre. Que me hostiaras de vez en cuando para asegurar el terror. No importa, hermano. Porque te quiero, tío. Eres mi puto salvador. Esta noche tú y yo estamos juntos. Bueno, al menos una parte de ti, que deseo con locura.

Tu puto páncreas, tío. Ya mismo entramos en comunión.

jueves, enero 04, 2007

Me presento como Míster Alopecia. Aquí está la señora Suelo Arrugado.

-Buenos días, señora Suelo Arrugado. Usted es mi paciente más antigua, a la que mejor conozco, y con la que mejor me llevo. Hace tiempo sobrepasamos de alguna manera la frontera profesional para..., y en fin, pasemos a un test que usted a accedido a realizar libre y voluntariamente. Solamente para que conste en acta, usted tiene 3 años (más o menos), el cabello color verde zanahoria, los ojos color manteca de champiñón, y "mucha mala leche", textualmente añadido por usted. La entrevista consta de unas cuantas preguntas sencillas que usted ha de contestar con una respuesta clara y concisa. Adelante.

Alopecia: ¿Quiere ser millonario?
Suelo: Y tirarle los platos a la cabeza.

A: ¿Crees que el día no tiene suficientes horas para todas las cosas que quieres o debes hacer?
S: Sí, pero en cambio, le sobran horas.

A: ¿Siempre te mueves, caminas o comes con demasiada rapidez o ansiedad?
S: No. Como mientras me lavo la cabeza.

A: ¿Te sientes impaciente o ansioso por el ritmo al que se desarrollan los acontecimientos?
S: Siempre me siento ansiosa por acostarme con usted, Mister Alopecia.

A: ¿Acostumbras [la señora Suelo Arrugado dice: Ajá] a decir 'Ah, ajá' o [la señora Suelo Arrugado dice: Sí, sí, sí] 'Sí, sí, sí', 'bien, bien', [la señora Suelo Arrugado dice: Bien, bien] cuando te habla una persona apremiándola inconscientemente a que acabe de decir [la señora Suelo Arrugado dice, a modo de gemido: Siiiiiiiiiííí] lo que tiene que decir?
S: No se me ocurre interrumpir de un modo tan maleducado.

A: ¿Tienes tendencia a interrumpir las frases de otras personas o a impacientarte cuando...
S: ...otra persona...
A: ...otra persona no termina una frase?
A: ¿Qué?
S: No, soy una persona muy paciente. Aunque reconozco que en muy contadas y extrañas ocasiones llego a ponerme un pelín nerviosa, joder.

A: ¿Te sientes exageradamente molesto e incluso irritado cuando el vehículo que está delante tuyo en una carretera avanza a una velocidad que tu consideras demasiado lenta?
S: No, pero a veces me gusta tomar arroz con leche.¿Usted prefiere las pasas? Me encanta el teléfono.

A: ¿Consideras angustiante o irritoso tener que hacer cola o esperar turno para monseguir una cesa en un restaurante?
S: Claro que sí, pero luego me como al camarero con patatas. ¿A usted no le gustan las patatas?

A: ¿Te es intolerable observar como otras personas realizan tareas que tú sabes que puedes hacer más rápidamente?
S: No. Excepto cuando sí. Quiero decir: métame mano.
A: Lo tomaré como un no.

A: ¿Te impacientas contigo mismo si te ves obligado a realizar tareas repetitivas (firmar talones, lavar platos, etc.) que son necesarias pero te impiden hacer las cosas que te parecen interesantes?
S: Me encanta fregar los platos mientras firmo talones y me dedico a la jardinería, que es mi hobby. Por supuesto no me impaciento pero me impacientaría si estuviera usted cerca.
A: Entonces, ¿sí o no?
S: No, obviamente.

A: ¿Eres de esas personas que leen a toda prisa o intentan siempre conseguir condensaciones o resúmenes de obras literarias realmente interesantes y valiosas?
S: Odio la lectura. Y odio a las personas que leen. Les mataría. ¿Me deja un cuchillo?
A: Pero entonces, ¿sí o no?
S: No.

A: ¿Te esfuerzas por pensar o hacer dos o más cosas simultáneamente? Por ejemplo, a la vez que intentas escuchar la charla de una persona, sigues dando vueltas a otro tema sin ninguna relación con lo que se escucha?
S: ¿Qué decía usted? Estaba pensando en la boda de mi prima Pepi. Como verá no intento atender dos cosas a la vez. Atiendo sólo una.

A: Mientras disfrutas de un descanso, ¿continúas pensando en tus problemas de trabajo, domésticos o profesionales?
S: No tengo descansos. Por lo que, siempre pienso en problemas de trabajo. Pero también amo fumar en pipa.
A: ¿Podría usted darme detalles acerca de esos problemas?
S: Una vez se me cayó el gato en la tostadora y luego me lo comí sin darme cuenta. Eso si que es un problema de trabajo.
A: Pero... ¿dónde coño trabaja usted?
S: En MakRoñald's.
A: Entiendo. Entonces... ¿sí o no?
S: No.

A: ¿Tienes el hábito de acentuar excesivamente varias palabras que consideras clave en una conversación ordinaria o la tendencia a articular las últimas palabras de las frases más rápidamente que las palabras iniciales?
S: N o , p o r s u p u e s t o q ueno.
A: Entien d o.

A: ¿Encuentras difícil abstenerse de llevar cualquier conversación hacia los temas que te interesan especialmente, y cuando no lo consigue, pretendes escuchar pero en realidad sigues ocupado en tus propios pensamientos?

S: Eh... , esto... ¿qué decía? Verá. Es que mi madre tiene un problema muy serio con los laxantes. ¡Y la valeriana! Pero, oiga... No, no, no. Digo... sí.
A: Parece usted insegura. La respuesta es...
S: Sí.


A: ¿Te sientes vagamente culpable, cuando descansas y no haces nada durante varias horas y varios días?
S: Especialmente cuando no paro.
A: Interesante.

A: ¿Intentas siempre programar más y más cosas, en menos tiempo y al hacerlo así dejas cada vez menos margen para los imprevistos?
S: Eh, no sé, verá, yo es que dentro de dos minutos tengo una cita con el ginecólogo... No, no, no era mi ginecólogo. Perdón, es que mi agenda es muy apretada. Había quedado con Lechuga.

A: Al conversar, ¿das con frecuencia puñetazos o palmadas en la mesa, o golpeas con un puño la palma de la otra mano para dar más énfasis a un punto particular de la discusión?
S: [Puñtazo en la mesa] No.

A: ¿Te sometes a ciertos plazos en tu trabajo que con frecuencia son difíciles de cumplir?
S: Nunca a la vez que me sorbo los mocos [sorbiéndose la nariz de manera ostentosa].

A: ¿Aprietas con frecuencia las mandíbulas, hasta el punto que te rechinan los dientes?
S: Perdone, no se meta con mi dentadura postiza.

A: ¿Llevas con frecuencia material relacionado con tu trabajo o tus estudios a tu casa por la noche?
S: Eso está prohibido en mi casa. No me dejan. Mi perro se los come. Eva María se fue...
A: ¿Está segura de que quiere continuar con la entrevista? ¿Se encuentra capaz?
S: Sí, claro. Por siempre y no.

A: ¿Acostumbras a evaluar en términos numéricos no sólo tu propio desempeño, sino también el desempeño de los demás?
S: Los números sólo sirven para hacer puzzles. Y para taparse en invierno.
A: ...¿perdone?
S: [Guarda silencio, con la mirada distraída]

A: ¿Te sientes insatisfecho con tu actual trabajo?
S: Verá, lo mío es una relación de amor/odio [chasquea la lengua]. Depende del día.
A: Y por ejemplo hoy, ¿qué tal?
S: Hoy, hoy... hoy lo odio tanto, que le metería un pañuelo por el oído y se lo sacaría por el otro.

Muy bien. Acaba usted de realizar el test. Ahora, en breves instantes, le comentaré los resultados.

El tiempo pasa en la consulta del Doctor Mr. Alopecia. La señorita Suelo Arrugado se encuentra nerviosa y cada vez más impaciente.

S: Perdone, ¿puede terminar ya? Tengo unas ganas locas de quitarme las pelotillas de los pies.
A: Queda poco, acomódese y mantenga silencio, por favor.

A: Bueno, pues aquí tiene los resultados, la máquina tragaperras acaba de escupírmelos. Aparte la bilis y los mocos y podrá leerlo cómodamente.

El Doctor Mr. Alopecia le entrega los resultados del test a la Señorita Suelo Arrugado, la cual los lame con pasión, y luego procede a leerlos.

Dichos resultados rezan:

Tipo B: Es bastante menos vulnerable a sufrir ansiedad que otras personas, no se muestra ambicioso ni dominante, deja que las cosas sigan su cauce sin preocuparse en exceso. No quiere decir que nunca se muestre nervioso o angustiado si la situación le desborda, pero en general tiene un temperamento templado. Las personas de Tipo B son informales, seguros de sí mismos, relajados y agradables. Son tan motivados como las personas Tipo A. Son pacientes y realizan sus tareas en una forma eficiente y tranquila. Saben escuchar, transmiten menos señales de ansiedad y les afecta menos el estrés ya que no son competitivos ni tienen la urgencia inflexible del tiempo.

- Le encanta dormir hasta tarde.
- Come pausadamente.
- Se toma su tiempo, no se afana, no se preocupa.
- Tiene una actividad muy regular y tranquila.
- No le interesa mucho competir.
- Tiene una existencia apacible.
- Habla pausadamente.
- Conduce despacio. Lee o escucha música en el trayecto.
- Se acuesta tarde, disfruta de la noche.
- Espera; no se impacta demasiado por lo que ocurre a su alrededor.

S: Mmmmmm, les haría el amor [voz seductora]. ¿Y usted, bribón?
A: Nos veremos el próximo año, querida Arrugado. Hasta pronto.
S: [La paciente le saca la lengua al Doctor, y se marcha recogiendo sus cosas apresuradamente].

Tras lo cual, el doctor se la casca en silencio en su despacho corriéndose sobre el retrato de Freud que utiliza frecuentemente para este menester, el cual ya casi está totalmente recubierto de esperma seco. Al terminar, el doctor esconde en una caja fuerte que guarda dentro del armario, dicho retrato, ya que el olor que despide hace imposible colocarlo en un lugar cercano. Dos pacientes hembra joden en la habitación de al lado.

domingo, diciembre 24, 2006

"Jamás podría habérmelo imaginado, pero lo hizo." (Johnny C. Nelson)
Tenía un buen sombrero. Un jodido buen sombrero y dos botas con espuelas. Botas con espuelas, patillas largas y, por supuesto, un fiel caballo. Un caballo llamado Chapas. Era tan leal, el viejo Chapas. Fueron compañeros siempre, buenos amigos hasta la hambruna del '85, cuando Johnny C. Nelson no pudo alimentarlo más, de ninguna forma y ambos murieron de hambre (debo decir que Johnny murió antes), pero eso es otra historia. Volvamos a Johnny y al caballo.
Nuestro héroe, ése viejo bandolero, se servía también de dos pistolas falsas, bastante bien logradas, que hacían su función correctamente. Como decía J. C. Nelson:
"El dinero o le pego un tiro -les pedía amablemente, ja, ja- y, como era de esperar, ¡nadie me pedía lo segundo!"
Con un buen saco de dinero, dos pistolas, y ni una jodida bala, Johnny atracaba un banco tras otro, llenando sus bolsillos de billetes y vanidad. Pero, como nada dura eternamente, un día el jodido cabroncete se encontró con un problema. ¿Una tontería? Bah, simplemente Johnny no tenía ni puta idea del índice de suicidas tan enorme que existía entre los diversos empleados del negocio bancario. Y, evidentemente, le pilló de sorpresa cuando el tipo eligió el disparo.
"¿Cómo coño iba yo a saber que el tipo era un suicida en potencia? Mierda, me tuvo que tocar a mí. Menos mal que además de dos putas pistolas falsas, tenía dos putas piernas. Y me sirvieron, ya lo creo que me sirvieron. Lo peor de todo es que tuve que aguantar al hijoputa del cajero corriendo detrás rogándome y suplicándome que le pegara un tiro. Santo cielo, si llego a saberlo..."
"Sí, hay que estar gilipollas. Pero bueno, es normal, según cuentan. Ha habido tantos atracos y sigue habiéndolos, en los cuales muere más de uno que... en fin, es normal, es normal. Es lógico que la comunidad suicida internacional quiera pillar cacho."
"Ah, no, no. Qué va, a mí no me vuelve a pasar, yo ya estoy sindicado. Pero... ¡ay! del que le pille. Y los novatos... bueno, yo era un novato, así que ya sabéis: sindicaros."
"¿Que qué les diría a los que son jóvenes y están empezando? Pues nada, que quieran mucho a sus amigos, que hagan mucho el amor con quien amen, y... que se sindiquen, claro, que se sindiquen. Hoy en día eres atracador, y bueno... si no estás sindicado, ¿cómo vas a velar por tus derechos? ¡Es de locos!"

Dicen de Adonis que era to bello,
Dicen de Adonis,
Dicen.

viernes, noviembre 17, 2006

El grito

Camino por la noche. Sólo o acompañado. Y entonces, un grito. Desgarrador y agudo. O tal vez gutural y seco. Un grito de sufrimiento. De dolor. No hablo de gemidos. No hablo de alguien que está teniendo el mejor orgasmo de su vida. No. Hablo de angustia. Hablo de miedo. De terror.

Hemos perfeccionado nuestros sentidos de manera que damos importancia únicamente a aquello que, o bien queremos sentir, o bien no podemos evitar sentir. El choque frontal que hemos presenciado hoy. Un susurro sobre algo que no es asunto nuestro pero nos interesa. Una información valiosa o mucha sangre inofensiva. Nos gusta mirar. Pero no siempre nos gusta que nos miren. Al menos, no sin que lo sepamos. Y nos gusta presenciarlo todo. Pero no siempre participar.

Voy pensando en mis problemas. Voy hablando con mis amigos. Voy recordando mi buen día, o lo bien que lo pasé ayer. La sonrisa de una persona que me vuelve loco. Alguien que quiero que está pasando un mal momento. Y, evidentemente, no voy a detenerme para descubrir de dónde viene. No voy a correr hacia ese peligro inminente. No voy a quitarme mi ropa, para sacar a relucir mi capa roja y mis mallas azules con calzón rojo encima. Ni soy tan hortera ni tan solidario. Prefiero hacer como que no he oído nada. Como que no están pegando una paliza a alguien en la calle paralela a la mía. Como que no están tratando de violar a alguien dos calles más adelante. Como que no están sacándole los ojos a un tipo en algún lugar a mi alrededor. Como que no están arrancandole la ropa a una tía cerca mía. Sé que todo sucede cerca, pero no sé en dónde exactamente. Y, aún así, sé que lo encontraria si quisiese. Pero no soy tan solidario. Ni tan temerario.

Ahora que lo pienso, tengo un problema. Pequeño o grande me carcome. Mi problema se debe al fallo del control de mis sentidos. He dejado de tenerlo, y ahora sí oigo los gritos. Y no sé qué hacer. Y me dan ganas de correr en dirección a ellos. No creo que esto sea sano, pues yo no soy tan temerario. Ni tan valiente.
Lo que es, es. Lo que no, pues lo mismo.

Lo que una marsopa es:

Una marsopa es enorme. Para empezar. Y tiene un color grisáceo lleno de vitalidad. Es elegante. Inteligente. Seductora. Y sabe cuándo sobra. O cuándo dar el siguiente paso. En una relación de amor. De amistad. O en una destrucción masiva de la civilización occidental. No practican negocios, porque tienen dignidad. Son muy dignas, las marsopas.

Lo que una marsopa NO es:

Pequeña. Chiquitita. Eso no, para nada. Rosa chicle. Hortera. Idiota. Pesada e inoportuna. Incapaz de entender las indirectas. O de completar un sudoku. Salidorra. Capitalista. Moderna. Civilizada. Aburrida. No ven pornografía pero se masturban sin problemas. Son muy dignas, las marsopas.

miércoles, noviembre 15, 2006

[...] marinero


Estoy caminando, mirando hacia ninguna parte. Y, de repente, te veo. Sentada en el autobús. Leyendo. No sé qué estás leyendo. Pero sé que estás allí, sentada. Y sé que yo estoy aquí, caminando. Y, en este preciso momento, me gustaría estar en otra parte. Me gustaría haber pagado un viaje de autobús (o no). Lo que quiero decir es que me gustaría poder interrumpirte. Me gustaría hacer que dejaras de leer. Me gustaría poder encontrar las palabras adecuadas. Porque nunca las encuentro.

Y entonces, nos miramos. Yo no sé qué decir. Tú no sabes por qué nunca digo nada. Y, en fin, nuestras conversaciones transcurren sin palabras. A veces, sólo a veces, hablamos. E, incluso, hemos llegado a darnos la mano. Nos hemos sonreído infinitas veces, y nos hemos contemplado. Y, en un roce, hemos llegado a comprender algo. Pequeño o grande, ese algo nos une.

AAAAAAAAAARRRRRGGGGGGGGG.*

*Por cortesía de una burbuja.


Tras cada ventanilla del autobús, se esconde un secreto horrible. Un secreto inconfesable, e inconfesado. Algo que nunca le contarías al psicólogo, ni a la panadera, ni a tu mejor amigo, ni a tu imagen en el espejo, ni siquiera a la pasta de dientes. Tampoco a tu pareja ni a tu madre, evidentemente. Cuando la gente desaparece de tu vista, cuando no ves a nadie, cuando no hay nada que aparente estar vivo (ni siquiera pasta de dientes) sólo entonces, puedes atreverte a gritarlo, para seguidamente echarte a llorar.

Tengo un plan. Un plan infalible. Y me he decidido a contároslo. Os lo cuento porque ya no tiene relevancia. No tenéis escapatoria. Y yo quiero ser un malo como los de las películas. Un villano clásico. De esos que siempre cuentan sus sórdidas intenciones antes de ejecutarlas. Pero, al contrario de lo que suele ocurrir con ellos, a los que un superhéroe o algo parecido atrapa, yo alcanzaré mis metas. Veréis: yo ya no quiero mi secreto. No quiero guardarlo, ni soltarlo. No quiero llorarlo en silencio. No quiero sentirme acosado por la almohada cada noche. Tampoco pienso dejar que en mi pecho se acumule una carga demasiado enorme para alojarla, otra vez más. Y, por fin, he sacado fuerzas de donde no había para tomar mi última decisión: he decidido que tengo que mataros. A todos. A cada uno de vosotros. De quienes habéis formado parte de mi vida, que habéis llenado de alegrías y tristezas mis días. Estoy harto de vuestra insidiosa nariz tras mi espalda. De vuestros suspiciosos ojos en mis hombros. No quiero daros más explicaciones que éstas que ahora os escribo. Porque ya sabéis demasiado. Habéis acumulado demasiada información. Y estoy aburrido, hastiado, cabreado. Y vosotros, muy pronto, estaréis muertos. Porque sólo cuando nadie sepa nada de mí, sólo cuando no quede nada que me haya visto crecer, reír o llorar, o explotar de furia; seré libre. Seré libre y seré desconocido. Seré el héroe anónimo de mi propia existencia. Lo que haga después será tan sólo cosa mía. Quizás me pegue un tiro, o quizás me lance al mar, no debería importaros.

La sola circunstancia que te permite hacerlo, es el momento en que lo único que ves es aire; o te sentirás observado. Ni siquiera con los ojos cerrados: o te sentirás observado. Tras las palmeras se esconden ojos. Entre los matorrales se esconden ojos. Ahora lo sabes: siempre te sentirás observado. Aunque agaches la cabeza, o mates a tus vecinos, o destruyas a todos aquellos que crees que podrían juzgarte: no estás solo. Tú, dentro de ti, te miras, te odias, te culpas, te gritas, te empujas, te pegas. Lo siento, no supiste apreciarlo: Tú sois Demasiados.

Es totalmente posible. Puedo convertirme en un Don Nadie de verdad. Cuando quiera. Ni siquiera tú podrías reconocerme, al igual que te cuesta reconocer a alguien que ha cambiado de imagen. Puedo ser anónimo y no podrás evitarlo. No me creo tus cuentos. Joder, no eres quien para darme consejos. Ni tú ni nadie. Sólo un objetivo más en mi lista. Apuntaré y dispararé.
Una pequeña diferencia

Cualquier día a cualquier hora. En cualquier momento y en cualquier puto lugar. Camina por la calle hacia donde sea. Y esos tipos del coche, los que van con su mono azul lleno de pintura, en fin, te comerían la regla a cucharadas.

Sigue andando y crúzate con un tipo con traje. Elegante. Y con corbata. Un gilipollas. Te mira y, en cuanto le devuelves la mirada, aparta la suya. Ya puedes continuar.

Sigues tu camino y hoy se han alineado los planetas, como cada día, para que seas la tía buena más tía buena que pase por ese lugar en ese preciso momento, justo cuando ese tipo te grita que a dónde vas tan solita. Que vayas con él. Joder, y ni siquiera te ha ofrecido caramelos. Hoy en día ya nadie tiene caramelos que ofrecer. Ahora tienen la punta de su polla, que te indican que les comas. Y no lo haces. Bastante al contrario, le enseñas tu dedo corazón y le dices que más quisiera, y te vas. Esos tipos normalmente no dicen nada cuando les mandas a la mierda. Aunque siempre los hay más peligrosos. Los hay que te pegan. O que tratan de obligarte a que hagas cosas que no quieres. Los hay que... en fin, aún quedan unos metros hasta tu meta.

Y qué culo. Vaya tetas. Y a ti lo que te hace falta es un pollazo en la frente. Y te comerían hasta la goma de las bragas. Muñeca. Nena. O lo que sea. La verdad es que nunca has oído hablar a dos carniceros acerca de sus piezas. Pero piensas que debe parecerse bastante a todo esto. A este mercado de carne en el cual eres una pieza más sin saberlo. Y sin quererlo.

Pelo castaño. Rubio. Negro. Pelirrojo. Piel morena. Piel pálida. Labios finos. Labios carnosos. Labios gruesos. Ojos grandes y ojos pequeños. Delgadez extrema u obesidad. Cuerpo 10. Medidas 90, 60, 90. Estás demasiado gorda o demasiado delgada. Tienes que engordar. O adelgazar. O fortalecer esos glúteos con estos ejercicios. Porque no eres lo que tienes que ser, porque no eres más que tú misma. Y si pretendes ser algo en la vida, ya puedes estar olvidándote de todo eso. De ese rollo de ser tú misma, de todo eso de olvidar los complejos, de olvidar el físico. Ah, ¿ya lo haces? ¿Así que ya te has dado cuenta? Vaya, tienes que entrar en la talla 36. Pues nada, manos a la obra. Tú puedes. Puedes ser una progre con implantes de silicona que apadrina a un niño del tercer mundo. O puedes ser una mujer casada, cristiana apostólica romana y con los labios como un par de ristras de chorizo. Carne. ¿Lo recuerdas?

Después de que sepas lo guapa que eres, o la boca que tienes para comer pollas, o lo bien que tienes que follar, o cómo te colocarían una bolsa en la cabeza para no verte la cara y metértela hasta el fondo, después de todo eso, llegas a tu meta. Y ahí está ese tipo mirándote sonriente. Le sonríes y le abrazas. Puede que sea un capullo pero te miró a los ojos desde que le conociste. Puede que sea gilipollas pero podías hablar con él. No estabas en su lista de la compra, y sigues sin estarlo. Pero ahora le estás dando un beso y después él te pregunta qué tal todo. Te mira a los ojos un buen rato, en silencio. ¿Qué pasa?, te da por preguntar. Y entonces él sabe que en realidad estás harta, cabreada y rabiosa. Y tú le tienes que contar el por qué. Y la sonrisa de ese palurdo, de ese capullo que nunca fue a fiestas en casas grandes con piscina y gente sobándose, el idiota al que nunca nadie invitó a la bacanal de fin de curso o a su cumpleaños en su chalet, bueno, pues desaparece un momento para mostrar un gesto grave. De odio. De impotencia. Y dice: les mataré. Y vuelve a sonreír y ese gesto desaparece de su cara como si nunca hubiese estado ahí. Vuelve a sonreírte y te pregunta otras cosas, y tú le preguntas otras cosas. Y habláis y esos tipos asquerosos, momentáneamente dejan de existir. Hasta el tío del traje, que en realidad no te dijo nada, ni hizo nada, que realmente nunca hace nada. Bueno, él es elegante, él tiene un empleo estable y que le proporciona grandes sumas de dinero. Él se paga sus cenas en restaurantes de cuatro y cinco tenedores cada día, va al gimnasio más pijo de la ciudad y viste con las marcas más caras. Y le raja los muslos a una prostituta colombiana de doce años, mientras se la folla en espasmos, violentamente, mientras la cabeza de ella choca contra la pared. Y nadie dice nada. Y nadie hace nada. Pero tú sigues necesitando un pollazo en el coño.

viernes, noviembre 10, 2006

Un buen amigo

Cuando ese buen amigo tuyo te dice que ella es muy guapa, o que es muy atractiva, o que está muy buena. Cuando te felicita por estar con una chica tan simpática y tan mona, cuando te da la enhorabuena y te dice que seguro que tiene que ser genial en la cama, bueno, lo que quiere decirte realmente es que se la tiraría. Muchas veces. Que está deseándolo.
Lo que quiere decirte es muy simple. Quiere decirte que se la follaría. Ahora mismo, si se dieran las circunstancias propicias y ella estuviera de acuerdo. Si él no estuviera con, y ella no estuviera con, entonces, si ella se dejara, follarían.

Cuando estás hablando y él no te mira a ti, la mira a ella, bueno pues, ya sabes. Cuando le agarra las manos amistosamente y se ríe tan tontamente con ella, olvidando que estás ahí, entonces es cuando recuerdas aquella conversación. Aquella en la que te felicitaba. En la que te daba la enhorabuena.
Cuando sabes que ella aprecia su sensibilidad, cuando él también lo sabe, cuando ella va a la playa con él, con ese bikini suyo que le queda tan bien y él la mira, bueno, pues ya sabes. Cuando la mira, en fin, tal vez esté pensando en su inteligencia. O tal vez no. Es muy probable que esté pensando en su bondad, bondad, éticamente hablando. Pero puede que no. Tal vez le está mirando el culo. Le está mirando las tetas. Y las piernas. Y el ombligo. Y su entrepierna.

¡Vaya! -Rápido: mírala a los ojos.- ¡Oh! -Vamos, dáte prisa, que no se de cuenta.- Joder. -¿Pero qué estás pensando? No olvides mirarla a los ojos. Si no quieres que te descubra, si no quiere que sepas lo que eres, entonces mírala a los ojos. Si no quieres que note tu erección, entonces, simplemente, mírala a los ojos. Si no te apetece que sepa que piensas con la polla, aún, entonces mírala a los ojos. Venga, no es tan difícil. Vamos, puedes hacerlo. Quizá... si ella y tu amigo lo dejan, o quizá si a él le entra una enfermedad terminal. O se tiene que mudar a otro continente. O si se va de voluntario a África. O si lo atropellan. Quizá entonces puedas tirártela. Si ocurre un malentendido y ella le deja, entonces, cuando esté llorando, agárrala suavemente. Susúrrale al oído. ¡Bingo! Ya la tienes.

Venga, ya puedes tirártela.

martes, noviembre 07, 2006

El Vórtice y el Mito de la Realización Personal

Por tu cabeza bailan su danza macabra todos esos recuerdos. Todo aquello que te ha llevado hasta donde estás ahora. Sientes asco. Y miedo. Sientes indefensión, tu respiración se hace más profunda, y ya sabes lo que viene. Cuando el hueso hioides y la laringe se elevan, tirando del esfínter cricoesofágico, abriendo éste, tu madre solía preocuparse por ti, siempre que no estaba pegándote. El malestar te invade y te suda la frente. La glotis se cierra, pero no así la mano de tu padre, golpeando tu cara, al ver aquellas notas de cuando cateaste seis asignaturas aquel primer curso de la Educación Secundaria Obligatoria. Te amenazaron con no regalarte nada por Navidad, pero no era ése tu mayor temor incluso teniendo en cuenta que todavía dabas importancia a ese tipo de cosas, y todo eso ocurre mientras el paladar blando se levanta para cerrar las fosas nasales posteriores. Las lágrimas corren por tus mejillas, y te parecen sucias, tan sucias como las disculpas del cabrón de tu padre, asquerosas como el cariño de tu madre, o las bofetadas que te daba antes de que su marido te pegara a ti, y luego a ella. Y después, una contracción fuerte hacia abajo del diafragma. Y aquella chica que te gustaba pegándote una bofetada porque creyó que eras tú quien le había tocado el culo, mientras otro chico reía a pocos metros.
Todo esto ocurre simultáneamente con la contracción de los músculos abdominales, comprimiendo el esófago entre dos grupos de músculos y aumentando la presión intra gástrica hasta un nivel elevado, pero no tan elevado como para quemar todas aquellas veces que tus amigos jugaron a llamarte "gordo", y a pegarte puñetazos en la barriga. Se relaja el esfínter gastroesofágico permitiendo la expulsión del contenido gástrico, de la sangre, del odio, de la insatisfacción, de la venganza nunca cumplida, de aquel tío enorme estrujando tu cuello porque hiciste llorar a su hermana, de tu hermana llorando porque la tiraron del columpio, de cuando tú la tiraste del columpio dejándola sin respiración. Esos momentos que creías olvidados y que ahora están pidiéndote explicaciones.

Todo ese contenido gástrico y todos aquellos buenos ratos bajo el agua, en los cuales pensaste que lo último que verías en vida sería el azul clorado del agua de una piscina, mientras varias manos te sumergían la cabeza, entre risas. Las amenazas de tu padre de largarse, o tu madre diciendo que se suicidaría. Ambos gritando en diferentes momentos, con cariño el "te voy a matar" que todo progenitor dijo alguna vez en su vida a su descendiente. Ojos inyectados en sangre y saliva blanca pegada al labio. La palabra "Mamá" ahogada bajo ráfagas de amor y tirones de pelo. El labio de tu madre partido y aquellos amigos del apartamento en la playa que se reían de ti y te pegaban. Que te decían maricón. Que te dijeron lo maricón que eras por abrazar a un amigo. O algo así. Con cada tropezón que escapa de tu boca, recuerdas cuantas veces pensaste que serías maricón de verdad, que en el fondo tenían que gustarte los tíos, sólo que tú no lo sabías. Que las chicas no te gustaban de verdad, que la que te gustaba no te gustaba de verdad. Que los insultos dolían, pero más dolía estar sólo.

Un hilillo de baba llega hasta el fondo de todo ese amasijo de momentos amarillento del fondo del váter, entre trocitos de maíz y tomate del almuerzo. De tu batalla perdida entre la fuerza de voluntad y la desesperación, del corazón roto y la indiferencia de quien amaste con todas tus fuerzas, y creíste ver correspondiéndote. Sin ver nada, con los ojos empañados en lágrimas, vuelve otra bocanada de aire. Y la bilis vuelve a hacer de compañera de tus gargajos, cada vez más acuosos. De la baba y poco más, pues hace rato se acabó la comida. Ya queda poco sólido de lo que tirar, y casi podría decirse que te asustas. Te asustas porque piensas que lo próximo que salgan serán tus tripas. Y quizá con ella, todos aquellos secretos inconfensables, todos aquellos motivos por los que te odiaste y siempre te odiarás. Lo que no puedes perdonarte. Lo que piensas que nadie perdonaría. Todos aquellos besos por amor y todos aquellos vacíos que no supiste realmente por qué diste. Pero los diste. Aquellos roces que no te hacían pensar en la persona que tenías delante, que no te hacían tener deseos de mirarla a los ojos. Pero que a pesar mirabas a veces, para no ver nada. Los días en que el sexo era una necesidad básica y tus deseos insatisfechos provocaban úlceras en tu cabeza.

Ahora que ya lo has escupido todo, ahora que estás tirado en el suelo con los ojos en blanco, convulsionándote y a punto de morir por deshidratación, debo decirte que no era para tanto.
Que tampoco lo pasaste tan mal, al fin y al cabo. Que no viviste tantos años como para quejarte tanto, joder.

Necesito decirte esto ahora que realmente tiene sentido. Necesito decirte aquí y ahora todo esto, porque es cuando realmente puedo tener la seguridad de que sabes que tu muerte es sólo una muerte más.

Antes de que lloren por ti tu familia, tus amigos y todas aquellas personas que creían que lo eran, antes de que lloren todas esas chicas a las que gustaste, antes de que se alegren con cierta amargura toda aquella gente que te odiaba, y por supuesto antes de que el corazón de quien te ama profundamente parezca vaciarse de repente y para siempre, entre llantos, rabia y momentos de asfixia, quiero que sepas que todo eso que nunca dijiste, que no apuntaste en un diario, que no contaste a la persona que más querías, aquello que era inconfesable, pues bien, nunca se sabrá. Nadie contará tu historia porque tú mismo no lo hiciste, y por eso tu biografía podrá resumirse en tres líneas. "Algo es algo", podrías pensar. Aunque eso no se llama biografía. Aunque se llame "esquela".

D. Tal de tal y tal
Falleció tal día de tal mes del año tal
Funeral el día tal del mes tal

Si se encuentra material terrorista o de pornografía infantil en el disco duro de tu ordenador, ganarás mil puntos, y estarás más cerca de salir en televisión. Si alguien confiesa que la violaste, o que le dabas palizas, o que la engañaste para abusar de ella, ganarás otros diez mil puntos. Si alguien se suicida por no soportar tu muerte, ganarás cien puntos. Más o menos. Si dejaste escrito por ahí algún texto que pueda considerarse tu filosofía de vida, o tuviste alguna banda de rock, entonces quizá haya gente que quiera imitarte. Quizá tengas fans. O un culto. Secreto o popular, clandestino o famoso. Quizá satánico, o quizá simplemente religioso. Quizá haya alguien que te incluya en la sección "Filosofía" de su página web personal.

Pero dentro de unos cuantos años, cuando los gusanos se hayan comido tu cuerpo, cuando todo el mundo pueda estar seguro de que los coleópteros y lepidópteros han hecho bien su trabajo, entonces ya no quedará nada de ti. Cuanto más hablen de ti, cuanto más te expliquen, quizá menos quede. Quizá ya nada de lo que cuenten pasara de verdad, tal vez es que se lo hayan inventado. O quizás no lo entendieron bien. Y si aún existe alguien que te eche de menos de verdad, o en cuya memoria sigas estando tú, entonces es posible que ya no quiera recordarte, que haya tratado de olvidarte. Que prefiera no pensar en nada relacionado contigo porque podría empezar a llorar otra vez. Y de una puta vez entenderás porque los más poderosos son quien menos sentimientos tienen, quienes pueden matar a más gente con el mínimo esfuerzo. Entenderás que su poder consiste en olvidar. O, en fin, en recordar lo que les da la gana.

lunes, octubre 23, 2006

Bobby

Siempre se metían con él en el colegio. Le insultaban, agredían y, en fin, tocaban las narices (entre otras cosas peores). Todos eran tan superficiales. Las chicas pasaban de él o le compadecían, y los chicos, en fin, tenía muy pocos amigos. El resto se metía con él o le marginaba de alguna forma.

"El mundo es redondo, al fin y al cabo", penso Bobby.

Bobby era gordo. Gordo, tierno, blandito. Y con gafas. Así era Bobby, todo un cielo. Todo un cielo que miraba los atardeceres, soñaba con amar y ser amado, jugaba a videojuegos, veía pornografía, se masturbaba pensando en su prima mayor por parte de madre e imaginaba que torturaba y masacraba a todo su instituto.

Odiaba al mundo por discriminarlo, y el mundo lo odiaba a él basándose tan sólo en sus prejuicios y en la lógica consumista de la moda y la falsedad. ¡Qué placer le provocaba la fantasía de la destrucción! Imaginarlo todo ardiendo...

Amaba a su prima y ella lo ignoraba todo por completo. Era una chica comprensiva, amable, preciosa, que trataba a Bobby mejor que nadie. Le escuchaba, comprendía, y hablaba. Y también se la ponía más dura que el pan después de una semana en la cesta. Hacía algunos años, se había paseado desnuda delante de Bobby como sin darle importancia. Él era pequeño, y ella no se imaginaba lo que una mente infantil puede maquinar. Se paso un año haciéndose cinco pajas al día pensando en ella.

Cuando el astro se tiña de sangre

Una vez un pájaro fue disparado por un cazador estúpido y derramó toda su sangre sobre la tierra. La roja mezcla tiñó la Luna de pasión al salpicarla, y de noche todo el mundo lloró sobre las carreteras, bailando una lenta monotonía rítmica, con muecas horribles y lágrimas de cobre.

domingo, septiembre 24, 2006

Elder & Elder
Elder. Y Elder. Dos hombres de traje y corbata. Dos buenos hombres. Dos trajes. Dos corbatas. Camisas, pantalones y zapatos. Viviendo una vida difícil en un mundo difícil. Con sus maletines, sus pelos repeinados y sus trajes cuidadosamente planchados. En sus habitaciones modestas, con sus comidas modestas. Cada día, poco después de levantarse, casi sin desayunar, salían a hacer la calle. Todos los días. Como el cartero, sin importar si llueve o nieva. Sin importar si hay tormenta o granizada. Poco después de rezar sus plegarias, salían y repetían la misma faena de todos los días. Siempre con extraños. Sin sentimientos. Sin confianza. Con palabras ensayadas, gestos ensayados, miradas ensayadas... una vida que no se vive. Una muerte que no mata. Un suicidio lento, descafeinado, sin pasión, sin locura. Con un arrepentimiento sutil, pero permanente. Con una cobardía impasible y una resignación estoica casi cómica.
Un día, mientras almorzaban, sentados en un parque, observaron a Lulú, una bonita caniche rosa. Supieron de su nombre por el sonido delicioso y afrodisíaco que manaba de los labios de su dueña al llamarla. Su dueña era una mujer esbelta y atlética, de pechos voluptuosos y piernas interminables, con unos labios carnosos, unos dientes blancos como de porcelana, y un olor a frutas del bosque en una melena que le llegaba hasta la mitad de la espalda. Oh, qué cuello suave. Oh, qué vientre perfecto. Oh, sus manos... Llamaba dulcemente a Lulú, la cual jugueteaba con una pelota. Una pelota también rosa. Enseguida quedaron prendados de ella. Ambos. Elder se enamoró al instante. Y también Elder. Qué elegancia, qué gracia. Sus movimientos, su boca, su nariz y sus ojos. Todo en ella era perfecto. Al instante supieron que tendría que ser suya (de ellos) y que harían lo que fuera por conquistarla. Jamás habían visto algo igual, y babeaban y se masturbaban sólo con el recuerdo.

Hablando y hablando del tema, Elder & Elder trazaron un plan para conquistarla. Le regalarían algo, no sabían aún qué, especial, y le harían una oferta que ella no podría rechazar.

¿Qué crees que podríamos comprarle? -preguntó Elder- No se me ocurre nada.
No sé. ¿Te has fijado en esa perrita? -contestó Elder- quizá... regalándole un hueso muy bonito, un hueso precioso con el que la perrita pudiera jugar siempre... ella no podría rechazarnos.

¡Eres un genio, Elder, amigo! -exclamó E., loco de alegría-. Podríamos aprovechar la excusa del hueso para hablar con esa pedazo de hembra y hacerle nuestra oferta, Elder. Nuestro matrimonio poco convencional. Nuestro triángulo amoroso.

Y así lo hicieron. Compraron el hueso. Un hueso bonito, precioso, alargado y brillante. A la perrita le iba a encantar, pensaban.

Al día siguiente, sin alterar su rutina, volvieron al parque a almorzar. Cuando ya iban por el plátano, apareció esa mujer. Esa mujer magnífica, bella, espléndida, natural, frágil, fuerte, sutil, grácil. Y Lulú, la perrita caniche rosa. Como siempre, juntas.

Vamos allá, Elder, dale el hueso- dijo Elder, muy nervioso- Hazlo de una vez.
Hazlo tú, tío -replicó Elder, sin ningunas ganas de dar el paso.

Después de una interminable discusión francamente interesante y fascinante pero cuyo contenido intelectual no transcribiré aquí para no abrumar a mis queridos lectores, y que no cambió mucho de tema mientras duró, observaron como la mujer estaba a punto de marcharse, con su perrita, y Elder decidió actuar. No se sabe muy bien cómo se animó a hacerlo, ni que Elder era exactamente en el momento clave, pero se sabe que lo hizo. O que lo hicieron. Hay constancia de ello.

¿Me permite un instante a solas? -se dirigió Elder a esa diosa morena y fantástica.
Oh, vaya. Pues no sé. ¿Por qué iba a hacerlo? -replicó ella.
De verdad, es sólo un momento. -dijo él- No quiero venderle nada.
Ya, ya, ustedes siempre dicen lo mismo. -volvió ella a la carga.
Por favor, cállese de una vez puta de mierda. -gritó Elder.
Y entre chillidos, Elder agarró a la mujer y la sostuvo, mientras Elder (el otro, se entiende) metía su mano en los pantalones y se sacaba un hueso, que entregó a la perrita, Lulú, en una declaración de amor que duró diez minutos enteros, en los cuales le expresaba el amor que ambos sentían por ella. A Lulú todo esto le pilló de sorpresa, y no supo bien que responder. Trataba de no herir los sentimientos de ningún Elder, para empezar, pero le costaba.

Y bien, ¿qué me dices, Lulú? ¿Aceptas? -preguntó Elder, ilusionado y convencido.
Mmm, no sé. -dijo Lulú, pensativa. ¿Y por qué no hacemos otra cosa?
¿Qué cosa? -dijo Elder, expectante.
Veréis... he estado pensando... y he llegado a la conclusión de que... -empezó a decir Lulú- ¿Por qué no os vais a la puta mierda, colgados hijos de mala madre y nos dejáis en paz, sacos de basura? ¡No os quiero ni aunque me regaléis todos los huesos del mundo, con diamantes incrustados y bañados en oro, chuchos asquerosos!

Y, dicho esto, les pegó a Elder & Elder un par de coces que los dejaron fuera de combate. Lulú y Marissa (como se llamaba Esa Mujer, su Compañera) escaparon y nuestros héroes con corbata quedaron semi-inconscientes tirados en el suelo.

Más tarde, recuperados, consiguieron levantarse. Se rascaron las magulladuras, y pensaron, algo exhaustos. Trataron de valorar el encuentro.
A fin de cuentas, el acercamiento no había salido tan mal. Sólo que quizá ella no había entendido el contenido real de la propuesta, por lo que decidieron volverlo a intentar en otra ocasión. Con otro regalo, quizá, o tal vez con otra corbata. Lo que no sabían es que el papel higiénico (papel-de-culo, para entendernos), no es lo ideal para envolver alimentos con aceite.

lunes, septiembre 18, 2006

“Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente el Kippel se reproduce [...] cada vez hay mas” — Philip K. Dick, ‘‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

¿Tiene tu historia un final feliz?
Mírate al espejo... ¿qué ves?
Cuando descubrí al mejor amigo de mi mejor amigo fornicando en el comedor con la abuela de mi mejor amigo, grité. Grité y lloré. Y nunca más volví a mirarme a un espejo.
Porque la realidad, a veces, puede ser cruda y aplastante. Como los espejos. Que, siendo tan falsos como son, nos aportan un trozo de realidad envuelto en ángulos convexos o cóncavos.
A veces, cuando me veo en esas fotos de joven, recuerdo cómo era yo entonces, joven y apuesto. Fuerte y dispuesto. Me miro y no me reconozco. Era capaz de todo, incluso de tirarme por lianas o de descubrir tesoros perdidos. Era ágil, flexible y atractivo. Como Harrison Ford en Indiana Jones II, y ahora todo ha cambiado. No me reconozco, si por casualidad me miro al espejo. Y digo por casualidad porque he tirado todos los espejos que en mi casa tenía. Me he colado en casa de todos mis vecinos y les he roto los suyos. He robado los que mis amigos tenían y los he tirado al mar. No me gustan, joder.
Si un día os estáis bañando en la playa y de repente os véis excesivamente reflejados en el agua, tened cuidado, quizá sea el espejo de uno de mis colegas, flotando en el mar. Buscando su destino. Como tú y como yo. Como todos nosotros, y como todos los espejos de este mundo.
No sirves para nada. Estorbas. Estás localizado, estás en el punto de mira. Eres un estúpido ser odiado, despreciado y rechazado. Te crees divertido pero tienes menos gracia que Wendy el-Farolillo-que-siempre-está-de-más tratando de hacer amigos. Te sientes triunfador y te ves despreocupado, pero ello sólo se debe a tu inconsciencia. No sabes la que te espera. Te has ganado una buena tollina, capullo.
VAS A MORDER EL POLVO

domingo, septiembre 10, 2006

Sidius el Pato, preparando una jugada para conquistar a su obsesión mediante una técnica de béisbol secreta.



Aquí podemos verlos. A la izquierda está Sidius, comentando su idea, pensativo. A la derecha, su colega Papá Cubano (antes de salirle canas). ¿Acaso creéis que lo de "Papá Noël" fue una idea original de los putos estadounidenses? No, joder, no. Sólo es otra puta imitación barata de los gringos chingados. Que los chinguen a todos, conchasumare.

Los actos y sus consecuencias
Jack Daniel's. Cacique. Brandy. DYC. White Label. Malibú. Larios. Ballantine's. Bayleys. Rioja. Cruzcampo. Alhambra. San Miguel. Heineken. Clara. Martini. Anís del mono. Bushmills. Jagermaister. Johnnie Walker. J&B. Rives. Befeeater. Giro. Gordon's. Zoco. Baines. Basarana. Etc. Etc.
Etc., etc.
La manía de ingerir grandes dosis de alcohol fomenta la afluencia de estupideces al cerebro. Así como la ausencia de fluidez en el mismo.
Laura Dinateur tomó tanto alcohol que acabó follando con un poney, mientras pensaba en su amada. Más tarde, arrepentida por esto, fundó la FAP (Fundación de Ayuda a los Poneys). Sólo que, aún así, seguía reincidiendo. Muy a menudo, ya que pasaba el día allí, rodeada de poneys.

René Sesoeufs apostó con sus amigos a que podría meter en su cuerpo tanto whiskey que le saldría por las orejas. Joder, realmente créia que funcionaria. René estaba convencido de ello. Tomó whiskey, mucho whiskey. Muchísimo whiskey. Tenía la garganta como el albornoz que Trípode (aquel bello e inteligente actor porno) utilizaba cada vez que había terminado una escena de mamada en sus adorables y tiernas películas. Pero no funcionó. En su lugar esputó sangre y coágulos por la nariz, y se le pusieron los ojos rojos. Muy rojos. Jodidamente rojos. Para desahogar su frustración trato de violar a una experta luchadora de Wing Tzun. Esta le tiró por un puente, después de asestarle la correspondiente lluvia de puñetazos habitual en quienes practican ese arte marcial. Y a pesar de ello, todo habría salido bien si no se hubiera dado en la cabeza con un taburete que había allí en el agua, misteriosamente colocado. ¿Por qué? Nunca lo sabremos. Acabó en el hospital, padeciendo una enfermedad extraña, no sabemos si provocada por el golpe. Se rumorea que unos años más tarde acabó protagonizando una película llamada "Mar adentro". El esfuerzo de memoria le dejó sin riego sanguíneo en su pene. Disfunción eréctil. A pesar de todo.

viernes, septiembre 01, 2006


El Gotelé

Gotelé. Misterioso gotelé. Esa extraña manera de pintar que convierte las paredes de tu casa en un potencial arma despellejadora. Un bonito relieve donde dejar la mierda cuando te apetezca rascarte los pies. Una bonita manera de rasparte la espalda, cuando te apoyas sin darte cuenta. Un recordatorio de lo que odiaba tu madre que te apoyaras en la pared.


Una vez conocí a un tipo muy curioso que lamía la piel muerta que la gente se dejaba en el gotelé de sus casas.
Aquel tipo se llamaba Micael, y tenía una nariz jodidamente grande, y una lengua aún más grande, afilada y persistente. Su truco, para poder pegarse esos festines de montones de piel muerta repellados en la pared, casi imperceptibles a nuestros ojos, era hacerse pasar por comprador de pisos. Buscaba pisos que ya hubieran sido habitados. A veces alquilaba pisos que ya habían sido alquilados, sólo para poder dedicarse con tranquilidad a su tarea. Él y yo nos conocíamos bien, yo por aquella época trabajaba en una inmobiliaria y, por supuesto, hacía las veces de cómplice. Aquella gente se hubiera horrorizado al saber de dónde provenía aquella luminosa limpieza que daba brillo a los colores mates. "¡Pero qué casa tan limpia!", exclamaban siempre los visitantes, admirados.

Micael era un gran tipo. Lástima que ya no esté entre nosotros... Hace un año y medio exactamente que murió. De lepra.


martes, agosto 29, 2006


La Menstru
Mejunge bello, enredado en tus cabellos
La limpieza diaria, se hace necesaria
La sangre sale, cae, y mancha el suelo
Con su olor dulce, perfuma tu vello
El tampón es una costumbre milenaria
Se prepara tu cuerpo para tener un retoño
¡Cuidado!, te digo. Usa bien el condonzuelo
O sin darte cuenta, te saldrá por el coño
John era un chico normal. Un buen chico. No se drogaba, tenía buenos amigos y, en fin, hacía las cosas propias de su edad. Era tan joven... Solía verse con una chica encantadora, o al menos eso me dijeron. Rubia, ojos azules, de buen ver. Estudiosa, amable. En fin, un encanto de chica, ya les digo. Si no recuerdo mal, y mi memoria siempre ha sido una de las pocas cosas de las que me enorgullezco, John tenía una cita con ella la última noche que lo vi. Salió de casa tan guapo... No sé nada de él desde hace meses, por favor, si saben algo...



Él la amaba. La quería con todas sus fuerzas. Aquella noche, ella le había invitado a cenar. John se vistió elegantemente y acudió con una flor de lavanda, la favorita de ella, a la cita. John nunca pensó que aquello cambiaría su vida de esa manera. Él iba dispuesto, simplemente, a pasar una estupenda noche en compañía de la chica de la cual estaba enamorado. Una gran noche. Una noche inolvidable.

No, no, no. No quiero, me niego. -dijo ella- No pienso hacerlo, no me voy a dejar, no voy a aceptar. Por favor, para, me estás poniendo incómoda, no me lo pidas más.
Entonces soltó su mano. Y dejo a John caer por el hueco de las escaleras.

It happened in Wisconsin...

domingo, agosto 27, 2006

¡Por favor, por favor! -le gritamos Mindy y yo- ¡No lo hagas! ¡No te tires!

Billy García estaba allí de pie, tambaleándose inseguro sobre la barandilla del puente de aquella vieja autovía. Aunque parezca increíble, se notaba una pequeña erección en sus pantalones. "Será la emoción del momento", pensó Mindy, tratando, una vez más, de no verle como un depravado.

¡Por favor! ¡Tienes muchos motivos para vivir! -le dijo ella- Hay cosas mucho más importantes en la vida. Por favor...

Además, Billy. Joder, Billy -le grité, casi enojado- Todo tiene solución, maldita sea. Existen alargadores de polla.

Joder, Billy.

La belleza está en el interior de las personas

Ben era un niño muy tímido. Nunca había salido mucho de casa, y sus padres siempre habían jugado con él y lo habían tratado muy bien, por lo que no sentía necesidad de conocer el mundo exterior. De hecho, le tenía bastante miedo. Como dice él siempre que cuenta esta historia y su amigo Frank está presente: "Miedo a lo desconocido, tío, eso es lo que tenía. El mismo miedo que tú le tienes a un polvo, Frank".


Frank fue su único amigo verdadero en la infancia. Le conoció el mismo día en que vió a sus padres practicando sadomasoquismo. Tenía intención de preguntarles por las películas de Disney que solía ver con pasión, y que no encontraba. Tenía esa intención. En un principio. Pero los gemidos y jadeos de su padre, y los gritos dominantes de su madre le hicieron acercarse sigilosamente para ver algo que jamás superaría. Al ver el espectáculo, Ben salió de casa y corrió calle abajo. Corrió y corrió y corrió, y tropezó. Cayó en un charco de barro y ahí se quedó un buen rato. Al abrir los ojos, alguien le estaba saludando. Un niño desconocido. Gordito y pecosín, con una nariz que le quedaba como le queda una roja guinda a una tarta con nata. El estúpido niño se presentó.
-Me llamo Frank -dijo.- Y vivo un poco más arriba. ¿Tú cómo te llamas?


Así empezó una conversación intensa en la cual hablaron de sus cortas y miserables vidas, de sus padres y de sadomasoquismo. Ben le contó a Frank cosas íntimas, como cuando se levantaba de madrugada con la ropa interior acartonada de haberse pasado toda la noche pensando en la Bella Durmiente o en Blancanieves. La Sirenita o Pocahontas. Anastasia o Nala, la novia de Simba en el rey León.
¡Es un animal, tío! -exclamó Frank.- Una leona, un bicho peludo.
Ben le explicó que su enamoramiento venía de la belleza interior de ella. No le importaba ni su físico, ni su edad, ni su pasado. Sólo le interesaba lo que ella tenía en su interior, su belleza interior.
Frank. -le dijo.- Imagínate ese coño peludo y chorreante. Imagínate penetrarla por el culo mientras ruge y gruñe. Imagínate dejarla embarazada y tener cachorritos mitad león, mitad humanos. Si no te parece romántico es que eres un puto insensible.
Después de aquella conversación, todo cambió para aquellos niños. Esa tarde fue el comienzo de una gran amistad, que se mantuvo toda la vida. Bueno, sin contar cuando Frank descubrió las pajas a los diez años, que lo mantuvieron encerrado en casa más de seis meses, sin ver a más nadie que a esas tetonas amantes de las pelis porno de su padre, que había encontrado detrás de los vídeos de Saber Vivir.

Consejos para la depilación del vello púbico
*Acerca de la cera tibia:
Consejo: usad alguna crema o after-shave después de depilaros, lo agradecereis.
Forma de uso:
-Calentar la cera en agua o microondas
-Aplicar la cera
-Poner la banda de algodón
-Estirar de la banda de algodón
-Aplicar crema calmante o after shave
Ventajas:
-Se puede usar casi en cualquier parte del cuerpo
-Barata
-Fácil de usar
-Resultados duraderos
Inconvenientes:

-Necesitareis ayuda para la zona perianal
-Puede que el pubis os duela o poquito durante un par de días después de la depilación, sobre todo las primeras veces. No es nada.
-No se va con agua
Duración: 2-3 semanas
·Nota aclaratoria, acerca de la cera: Es importante tener en cuenta que usar cera caliente o tibia en el pene o escroto implica despellejarse. Es poco recomendable si uno aprecia mínimamente sus genitales. Necesitas una persona para que te abra el culo, y otra para que te aplique la cera, eso es importante. Si necesitáis más información sobre cómo preparar o aplicar la cera, recomiendo que no probéis este invento y os jodáis. Imbéciles.
·Nota aclaratoria, acerca de la nota aclaratoria: Esta nota está colocada al final para que todas y todos puedan disfrutar de su derecho a equivocarse. De aprender por sí sólos. De la libre experimentación. De despellejarse.
*Acerca de la crema depilatoria;
A pesar de que no sirve para el pubis, sí sirve para el escroto:
Consejos:

-Lo recomendable es darse de siete a diez minutos.
Forma de uso:

-Aplicar la crema
-Esperar entre 7 y 10 minutos
-Quitar con la espátula o una esponja (apretando fuerte)
-Para quitar el olor, lavar la zona con agua (nuestra recomendación: duchaos con agua y gel)
-Aplicar crema hidratante, body milk o loción after-shave
Ventajas:

-Fácil de usar
-Rápida
-Barata
-Junto con la cera tibia, lo mejor en la zona perianal y las nalgas
-¡Sin cortes!
Inconvenientes:

-Corta duración
-Según el tipo de piel, puede escocer o provocar irritación
-Zona de aplicación limitada
-Huele mal, así que es muy recomendable ducharse después de usarla

Duración: 2-3 días
Nota aclaratoria: En la zona púbica el vello es fuerte, y la piel muy sensible. Vello MUY fuerte. Piel MUY sensible. ¿Entendéis lo que quiero deciros?
Puede usarse en el escroto, pero siempre es mejor después de haber recortado lo máximo posible la pelambrera. No utilicéis la crema más allá de 5 minutos o se os pondrá toda esa puta zona en carne viva. No la useis en los labios vaginales o el pene: la piel es muy sensible y además, podría entrar algo de crema.
*Cuchilla de afeitar:
Consejos para una buena depilación/afeitado sin cortes:

-Haced las pasadas en sentido contrario al crecimiento del vello
-Limpiad la cuchilla después de cada pasada
-Cuando limpieis la cuchilla, NO deis "golpes" con la cuchilla para hacer "caer" el vello: desequilibrareis la hoja y es casi seguro que en siguientes pasadas os cortareis. Es preferible llenar la pila hasta la mitad de agua caliente, y agitar la cuchilla dentro del agua.
Consejo:

-Usad after shave después de depilar, para evitar irritaciones (especialmente si usais salvaslip o ropa interior ajustada)
-Usad un guante de crin, piedra pómez o similar para exfoliar la piel cada vez que os ducheis, así evitareis que crezca vello por debajo de la piel
-Si os atreveis, proponedle a vuestra pareja que os rasure las zonas íntimas. Vereis que es divertido y muy muy erótico (además de más cómodo, porque vuestra pareja tendrá mejor "visión")

Forma de uso:

-Aplicar generosamente espuma
-Rasurar en sentido contrario al crecimiento del vello (con suavidad, sin presionar demasiado)
-Limpiar de vello la maquinilla en cada pasada

Ventajas:

-Fácil de usar
-Poco riesgo
-Elimina células muertas de la piel
-Disponible en casi cualquier hogar
-Barato

Inconvenientes:

-Cortísima duración
-El vello crece "duro", así que podría llegar a romper el preservativo si no es de buena calidad (aunque no conocemos a nadie que le haya pasado).
-Incómodo y peligroso en la zona perianal

Duración: 1-2 días
Nota aclaratoria: La cuchilla de afeitar corta el vello a la altura de la piel, pero no depila. En uno o dos días, el pelo volverá a salir. Sí, joder, si os gustó cómo había quedado tendréis que volver a repetirlo. También se os pueden quedar pelos enconados y entonces conoceréis el dolor. Podéis sacároslo con pinzas, o pedirle a alguien que os los arranque a mordiscos.
Varios consejos finales:
* No se debe utilizar una misma hoja de afeitar para distintas sesiones y partes del cuerpo, ya que esta puede oxidarse y provocar infecciones, o extenderlas hacia otras zonas.
* Las ceras depilatorias no deben ser reutilizadas, pues estas pueden contaminarse y ocasionar daños a la piel. No es recomendable depilarse si posee otras opciones, porque la zona pubiana es muy sensible y el dolor sería extremo.
* Utilizar siempre pinzas esterilizadas en la depilación. Si el corte del vello púbico se realiza con una tijera debe evitarse el contacto con la piel y solo erradicar el vello.
* Si se usa una máquina de afeitar eléctrica hay que asegurarse de que esté limpia y realizar un corte suave, que no presione la piel ni hale los vellos.
* Si decide adornar la zona del Monte de Venus debe hacerse con extremo cuidado para evitar laceraciones.
Nota final: Gran parte de esta información es material robado de otras personas que investigaron, se esforzaron y trabajaron duro para lograrla.